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Hay una actividad que caracteriza a Escobar. Se trata de la floricultura, ese legado que desarrollaron distintas comunidades de inmigrantes desde el siglo pasado. Así, este destino bonaerense muestra con orgullo el

cartel de principal productor de flores a nivel nacional. Nada más, nade menos. De ahí, entonces, que la Fiesta Nacional de la Flor sea un símbolo del distrito. Y en medio de la pandemia de coronavirus, este año se realizará de manera virtual.

La edición número 57 de este evento comenzó el 25 de septiembre pasado y llegará a su fin el 10 de octubre. En este lapso, podrá seguirse a través de la web fiestadelaflor.org.ar y de las cuentas @fiestanacionaldelaflor y @fiestaNdelaFlor. Desde la página oficial estará la opción de recorrer la Ruta de las Flores y las Plantas de Argentina a través de un mapa interactivo donde figuran los viveros y productores de todo el país. También se podrá visitar la tienda digital con diferentes plantas de interior, exterior, aromáticas, exóticas, cactus, suculentas e insumos de jardinería.

Además funcionará un museo virtual que repasa la historia de la fiesta y cada usuario podrá compartir imágenes de ediciones anteriores. En las redes sociales se ofrecerán talleres en vivo sobre cultivo de plantas y espectáculos musicales. La nueva versión de la web con los mapas interactivos y el catálogo digital seguirá funcionando luego de esta edición de la Fiesta Nacional de la Flor.

“La floricultura empieza con los primeros japoneses que llegaron en 1929, quienes comenzaron con la producción de flores de corte que se llevaba desde Escobar a la ciudad de Buenos Aires, generando un gran crecimiento económico”, recuerda Tetsuya Hirose, presidente de la Sociedad Civil Fiesta de la Flor. Después de la Segunda Guerra Mundial arribó a la zona otra oleada de inmigrantes japoneses, a la que se sumaron grupos de más nacionalidades, que también se abocaron a esa actividad productiva en el distrito bonaerense.

A raíz del gran desarrollo local que generó la floricultura a mediados de los '60, el Rotary Club proposo la celebración de la Fiesta Nacional de Flor. En 1964 un decreto del ejecutivo nacional estableció su realización en la ciudad Belén de Escobar, entre la última quincena de septiembre y la primera del mes de octubre de cada año. En esa década también empezó a construirse la única ciudad floral del país para homenajear dentro de su predio a las plantas, flores e inmigrantes que con su trabajo le dieron una identidad particular a este municipio bonaerense.

La edificación donde cada año se realiza la exposición está formada por dos pabellones con forma de cúpula que se conectan a través de un puente aéreo y un lago artificial de 7.500 metros cuadrados. Además, tiene un carrillón del que penden 18 campanas de bronce y un amplio sector parquizado con flores de colores llamativos y de distintos tamaños. En el lugar funciona desde 1978 el Instituto de Florihorticultura y Jardinería que depende de la Sociedad Civil Fiesta de la Flor.

El Jardín Japonés es uno de los atractivos que todos quieren recorrer cuando visitan Belén de Escobar, Capital Nacional de la Flor. Se creó el 4 de octubre de 1969, cuando se celebraron cuarenta años de la llegada de los primeros japoneses al distrito, como regalo de esa colectividad a la gente de Escobar por la hospitalidad con que fueron recibidos.

Yasuo Inomata, ingeniero agrónomo, diseñó ese jardín imaginando cómo se vería el mundo desde un avión. Dibujó los continentes delimitados por senderos y representó los océanos con espejos de agua en los que flotan nenúfares rosados y nadan los coloridos peces Koi. El portal de ingreso al jardín es un sitio sagrado. Según la cosmovisión japonesa, una vez que se cruza el pórtico las personas se despojan de todos los problemas. La cascada simboliza el movimiento, el cambio permanente a través del agua, las grandes rocas representan lo inmutable.