A unos 300 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, Los Toldos se despliega con atractivos encantadores para el turista. Sobre su hoja de ruta confluyen, por ejemplo, la producción de queso gouda, los hilados de la comunidad

mapuche y la Casa Museo de Eva Perón. Las tres propuestas convocan a los viajeros que llegan a este destino fundado el 2 de noviembre de 1892, en homenaje a la tribu que el cacique Ignacio Coliqueo había emplazado en estas tierras allá por 1860.

Este pueblo originario comparte con los habitantes locales su cosmovisión sobre la vida y el mundo. Una de las maneras de hacerlo es a través de la simbología que plasman en sus hilados. De hecho, en Los Toldos se realiza el Festival Mapuche, cuyo protagonista principal es el tejido artesanal. Durante la celebración se desarrollan cursos y seminarios sobre técnicas ancestrales para confeccionar ponchos, fajas y caminos.

Junto con los hilados de la comunidad mapuche, Los Toldos se destaca también por la Casa Museo de Eva Perón. Este espacio, que en mayo de 2019 reabrió sus puertas e inauguró un nuevo complejo museográfico, busca "interpelar a quienes lo visitan más desde lo emocional que desde lo racional o el dato histórico duro", según explica Julián Piñero, director de la Casa Museo. "Lo que más atrae al público es visitar el lugar en el que Evita transitó su niñez; para algunos es una experiencia casi mística o sagrada", agrega en la recorrida.

Esta institución expone diferentes objetos personales que pertenecieron a Eva Perón. Uno de ellos es la máquina de coser que utilizó su madre para trabajar y sostener la economía familiar. La imagen siempre inspiró a la referente política argentina, que -a través de su fundación- entregó esas máquinas a las mujeres de los sectores humildes.

Otro documento importante que se puede ver en el museo es la carta que Juan Domingo Perón le envió a Eva mientras estaba detenido en la isla Martín García. “Entre otras cosas, le propone casamiento y le dice que cuando fuera liberado se retirarán a vivir juntos en una finca del Chubut. La carta está fechada el 14 de octubre de 1945, tres días antes de que los obreros tomaran la Plaza de Mayo en el hito que marcaría el comienzo del peronismo”, señala el director de la Casa Museo.

La producción de queso gouda, tal como se dijo, aparece entre los símbolos turísticos de Los Toldos. Todo comenzó en 1949, cuando la familia Doeswijk llegó al país desde Holanda y, luego de trabajar en diferentes tambos, logró comprar una porción de tierra en esta ciudad bonaerense e iniciar su propio emprendimiento. Los Doeswijk trajeron recuerdos, deseos, esperanzas y la receta del queso que lleva el nombre de una ciudad holandesa. La fórmula para elaborar ese producto atravesó el Océano Atlántico y a varias generaciones de la familia.

En 1948, casi de manera simultánea, 12 monjes y dos laicos procedentes de Suiza fundaron el Monasterio Benedictino “Santa María de Los Toldos”, abocados también a la producción láctea. Cinco años después, la familia holandesa inició la fabricación de quesos, luego lo hicieron los religiosos suizos y, al cabo, varios de sus descendientes montaron tambos en la región.

La tradición y receta milenaria que llegó a este destino de la Provincia hizo que uno de los atractivos imperdibles sea el recorrido por fábricas de quesos, en las que se pueden degustar exquisitas variedades, conocer el proceso de elaboración y luego llevarse uno para disfrutar en casa. Desde 2016, a través del Festival del Queso, este municipio empezó a mostrar su amplia tradición láctea. Durante la feria pueden encontrarse diferentes estilos de quesos, stands de conservas, dulces, miel, panificados, cerveza artesanal y clases de cocina en vivo.